La apuesta por el consumo verde

Por: Gilberto Molina

Twitter: @gilmolinac

Vivimos una época en que nuestro planeta sufre grandes problemáticas ambientales causadas por la desenfrenada actividad del hombre, principalmente para satisfacer las necesidades de transporte, comida y  vivienda (las cuales generan entre un 70 y 80 por ciento impacto al medio ambiente). Estimaciones contundentes como que la humanidad no sobreviviría más de tres días si el agua desapareciera del planeta o que 13 millones de muertes humanas al año podrían evitarse si el medio ambiente fuera más saludable, parecen no ser suficientes para disuadirnos de acciones lamentables como el desecho diario de dos millones de toneladas a fuentes de agua o la pérdida anual de 130 mil kilómetros de bosques entre 2000 y 2010.

Las problemáticas ambientales pueden ser categorizadas en cuatro grandes áreas:

  • Biodiversidad: desequilibrio y peligro de ecosistemas  (animales, árboles, plantas) debido a actividades como la sobreexplotación, tala y tráfico de especies.
  • Agua: consumo indiscriminado, escasez, enfermedades causadas por contaminación y falta de saneamiento.
  • Energía: utilización de combustibles fósiles (CO2) que generan calentamiento global y repercusiones en el cambio climático (se estima que en 15 años podría desaparecer el 80% de los glaciares de Sudamérica).
  • Residuos: miles de toneladas diarias de desechos, saturación de rellenos sanitarios y basureros a cielo abierto.


Lo anterior plantea grandes desafíos y la necesidad inmediata de tomar acciones tanto por parte de las empresas como de los consumidores, que deriven en la satisfacción de necesidades actuales sin comprometer a las generaciones futuras. En otras palabras, un camino en que el desarrollo vaya alineado con la sostenibilidad ambiental.

¿Qué podemos hacer como consumidores?

  • Convertirnos en consumidores responsables, eligiendo productos y servicios de marcas que utilicen prácticas de cuidado de recursos naturales, materiales tóxicos y emisiones contaminantes a lo largo de su proceso.
  • Cuidar el consumo de agua.
  • Consumir en la medida de lo posible productos orgánicos, libres de químicos que afectan la salud y el medio ambiente.
  • Hacer un manejo adecuado de residuos (separar, reciclar).


¿Qué pueden hacer las empresas?

  • Voltear la mirada al creciente mercado de consumidores verdes que están dispuestos a pagar productos y servicios de empresas con consciencia social.
  • Recalibrar la estrategia de negocio para crear rentabilidad de la mano con valor social y ambiental, instrumentando prácticas de responsabilidad social empresarial (RSE).
  • Revisar procesos de fabricación, empaque, logística y comercialización para generar ventajas competitivas a partir de atributos amigables con el medio ambiente que valoren los consumidores.


Lamentablemente,  la regulación internacional ha sido insuficiente para generar un cambio significativo en la alarmante tendencia del daño a nuestro entorno, ciertamente obstaculizada por gobiernos indispuestos a reforzar medidas con argumentos como la afectación a sus industrias y economías locales. Este es un punto en el que vale la pena detenernos. Los gobiernos deben entender que no existe contradicción entre el aprovechamiento racional de los recursos naturales y el desarrollo de largo plazo de un país. Vale la pena recordar el caso de Nokia en Finlandia, que transitó de los árboles a las telecomunicaciones. La famosa empresa de telecomunicaciones nació de la Compañía Forestal de Nokia, localidad productora de caucho, papel y celulosa. Los finlandeses han aprovechado al máximo esta riqueza natural y hoy cuentan con más bosques que hace cien años. Una fórmula que equilibra el consumo y el cuidado forestal que les ha brindado un crecimiento estable durante las últimas décadas y que en la actualidad les ha permitido llegar a tener sus más altos volúmenes de madera en pie y simultáneamente los más altos volúmenes de aprovechamiento de toda su historia. Se trata de un modelo que llevaría a países como México a lograr explotar racionalmente los millones de hectáreas de bosques y selvas de potencial aprovechable con los que cuentan.

Todos jugamos un papel crucial para reconducir el rumbo, el camino es adoptar hábitos de consumo verde,  implementar decididamente prácticas de responsabilidad social empresarial y gobernantes con agendas estratégicas de desarrollo sostenible. El llamado es ahora.




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